La mesa de Nochebuena

Espero que hayan tenido una Navidad llena de abrazos, voces queridas, alegría, regalos adorables y una cena memorable.

Este vez, la celebración en casa fue muy íntima y una de las más cálidas de los últimos años. Fue una noche en la que todo fluía,  las preocupaciones quedaron en la vereda y la reunión familiar fue más linda que un sueño.  

 Papá Noel llegó puntualísimo y  hubo una puesta en escena muy divertida para distraer mi sobrina menor a la hora de poner los regalos en el árbol. Juji,  sigue con la misma inocencia y expectativa con respecto a los regalos y a su amado Papá Noel, así que mientras unos la entretenían lejos del arbolito, otros corríamos a hurtadillas y cargados como mulas transportando paquetes súper seductores.

Fue una noche plena, llena de amor, espontánea y agradecida. Sin excesos. No fue una velada corta y tampoco long play. Fue entera y redondita, como siempre esperamos que sea y se sentía el espíritu navideño que vino a la grupa de los ciervos.

 Ya les había contado en la entrada anterior, la idea de utilizar estos ciervos de papel como decoración para mi mesa navideña. Fue acertado hacerlos tridimensionales porque se veían espléndidos en su blancura y entre la luz de las velas, los reflejos de los detalles metálicos y las ramitas naturales de pino recién cortadas.

Para vestir esta mesa , me arriesgué a una paleta neutra de beiges y grises con confianza.

Busqué el equilibrio con elementos blancos de tela y papel, mucho brillo dorado, brillo del níquel y de vidrios cobrizos. Utilicé servilletas blancas y platos color marfil, copas transparentes y vasos dorados. Para darle carácter usé  posaplatos de rattán y posavasos de encaje antiguo sobre un mantel de lino beige, ramas naturales de pino y semillas de cocoteros recogidas en una playa de Brasil.

Un popurrí que resultó un éxito. Todos nos sentamos felices a compartir en una mesa festiva y acogedora.

La cena navideña es la única cena temática del año que hacemos en casa. María tiene su impronta cada vez más minimalista y yo cada día me vuelco más a lo esencial, pero ninguna de las dos renunciamos a la alegría de poner una mesa seductora que se vuelve mágica la noche del 24.  

Sólo me queda desearles un 2016 lleno de optimismo, unas ganas inmensas de lograr lo que quieran y que puedan asirlo. Todo el amor,  sabiduría y serenidad para saber elegir, buena salud y que sigan conociendo la mejor versión de ustedes mismos.

¡Feliz Año Nuevo! Chin, Chin y hasta el regreso de mis vacaciones!

 (Todas las fotos fueron tomadas por mi hija María. Haz clic  AQUí si te interesa ver más imágenes en Flickr o AQUÍ para ver su galería en Instagram)