Las cuatro reglas de oro para el bienestar en tu casa.

Hace unos días me propuse hacer un orden exhaustivo en mi armario.

Fui más allá de lo que me hubiera imaginado porque, a mitad del trabajo, decidí que quería pintarle el interior. Ese sector de mi dormitorio también merecía el cambio que hacía tiempo quería hacer, aunque no se viera ni formara parte de ninguna decoración. Y merecía un color bien buscado, salir de la comodidad del blanco. Un color cálido aunque neutro y que se llevara bien con tostados, violetas, beige y rosado pálido que prevalecen entre mis prendas para los días de frío.

Así que me puse manos a la obra esa misma tarde después de haber elegido el color ideal. Un beige muy sutil, algo agrisado y que además tiene un nombre que me encanta: "meditación". Título y color perfectos para mi pequeño proyecto. (¿Alguna vez prestaste atención a los nombres que Inca le pone a sus colores? Son pura poesía.)

Un par de días después, el interior de mi placard ya estaba pintado,  seco y con nuevo look . Volví feliz a continuar con el orden y fue un placer  acomodar mi ropa en estantes tan claros e impecables. 

Siempre tuve muy presente cuatro reglas básicas para el bienestar en casa: ORDEN, LIMPIEZA, ILUMINACIÓN Y VENTILACIÓN. En este caso, el concepto de luz vino directo de una lata de pintura. 

Estas cuatro reglas son tan simples que parecen obvias, pero lo curioso es que no siempre las aplicamos todas juntas. Si lo hacemos, sólo obtenemos los mejores beneficios que además se expanden y también generan bienestar en otros niveles más sutiles. Propician la creatividad, el buen ánimo y una mente más lúcida.

Son cuatro reglas de oro que acompañan cualquier proyecto.

Y mi armario recién restaurado es un buen ejemplo de lo efectivas que son.

La idea sencilla y viable de refrescar mis estantes con una pintura clara terminó siendo un proceso creativo simple y por demás agradable. Puedes verlo en mi galería de "historias de otoño", en algunas acuarelas, en una paleta de color descubierta entre mi ropa y en el diseño nuevo de un par de taccuinos. Una seguidilla de momentos lindísimos entre el bricolage y mi lenguaje creativo nada más que por haber abierto una lata de pintura para limpiar, iluminar y ordenar parte de mi espacio. 

El orden y la claridad me permitió hacer una selección inteligente. Lo que quedó en mis estantes fue suficiente para inspirarme y encontrar la armonía entre los colores de prendas y texturas y mi colección de papeles. El resultado es simple y sin adornos. Simple, vigente y funcional. Tal como debe ser un taccuino. Tal como quedó mi placard. 

¿Tienes alguna experiencia similar que te haya hecho sentir plena y quieras compartir?